Google, política, misticismo y familia

del 25/09/15 al 13/11/15 en Galería T20 Murcia

Google, politics, misticism & family

from 09/25/15 to 11/13/15 at T20 Gallery Murcia

Video de la exposición | Exhibition video

Catálogo de la exposición PDF | Exhibition catalogue PDF

Textos de la exposición | Exhibition texts

ENTRE LOS OMÓPLATOS – Nacho Ruiz

Casi nunca me gustan las críticas de arte. La mayoría son una descripción de algo que apenas es descriptible, no son críticas. De hecho tampoco sé que es el arte.

El arte no se produce todo el tiempo. Las críticas han corrompido en cierta forma el sentido de una palabra que no tiene y los historiadores del arte hemos construido una arquitectura de lo imposible sobre una base que solo sirve para ser clasificada, para ser descrita. El formalismo es un notario dando fe de que lo que ve existe, sin saber qué es lo que ve. Es un notario creativo que escribe con una rúbrica barroca y que cuando firma sentencia.

Últimamente todo me lleva a Isidoro Valcárcel Medina y en estas líneas es especialmente apropiado. Isidoro escribió una “ley del arte” que muchos lectores pueden tomar en serio cuando, en realidad, no es más que la demostración de que no se puede legislar sobre lo que ni siquiera se puede definir.

Pero creemos saberlo. A todos nos parece saber qué es el arte. Son los nuestros complejos románticos herederos de una concepción en la que las emociones de Hugo Von Hofmannsthal funcionan como esa hipoteca que nos acompaña mientras estamos vivos y que, si nos descuidamos, dejaremos en herencia a nuestros hijos.

Quizá no sepamos qué es el arte pero Víctor me ha enseñado algo: sí sabemos cuándo pasa. Se puede entender como una nueva herencia romántica, como una sucesión de males de Stendhal de baja intensidad frecuentemente pero que a veces nos tumban físicamente. El arte sucede. Pero no sucede siempre. Lo que sí sucede siempre es el artificio. La corrección formal genera cosas que merecen siempre nuestra aprobación. El arte ahora no es sancionado por un notario: el arte es el notario. Da fe de la corrección, se pliega a las convenciones estéticas, a la legibilidad, al rigor del pensamiento en definitiva. La obra de Víctor huye de eso porque si no lo hiciese ya no sería su obra; sería la obra dictada por los tiempos en curso, un arte vestido de notario considerado como tal por otro notario, que es la crítica.

Me gusta el escepticismo, me gusta que se cuestionen las cosas sin un guión ajeno, me gusta que el arte no suceda siempre en el territorio en que debería suceder, y por eso me gusta Víctor. Seguramente porque tiene la mirada de un asesino a sueldo y actúa así con su trabajo, hable de amor o de política todo es llevado al extremo. Un asesino a sueldo no es un cirujano, no corta metódicamente: clava un cuchillo en el punto débil de su víctima, encuentra el hueco entre los omóplatos para que el golpe sea mortal. La profesionalidad (concepto positivo) de un asesino (concepto negativo) a sueldo es una paradoja y él trabaja sobre paradojas. Busca esos huecos en la realidad y los perfora para asestarle un golpe brutal construido a base de paradojas. La realidad le ofrece todo un campo infinito de trabajo gracias a la inconsistencia de los convencionalismos que la construyen, y él hunde su cuchillo sin piedad. Pero no lo hace impulsado por un sentimiento criminal, ni negativo: la realidad se lo ha buscado por absurda. La destroza con cariño.

Hay una expresión muy suya que es “hacer el arte”. Lo define perfectamente. Para entender esto hay que haberse desprendido de muchas cosas y haber sacrificado parte de lo aprendido sin olvidarlo. Es necesaria la conciencia de que se está trabajando por algo y contra algo. Eliminar los filtros que condicionan la percepción y la actitud. Entre “hacer el arte” y “hacer arte” hay un universo semántico que no se queda en la forma, de hecho asimila el arte y la vida de una forma natural. Ahora la crítica entraría con Beuys y sus muchos herederos pero él no necesita citar a nadie para construir su trabajo porque se basa en esa lógica extrema del asesino a sueldo: si lo que quiero hacer está mediatizado por la convención estética no será mi trabajo, será el de otro hecho por mí. La convención estética es el enemigo de la máxima “arte=vida” pero se nos olvida a todos con mucha frecuencia, y si no se nos olvida el mercado nos urge a olvidarla. La convención estética acaba con la posibilidad del arte inesperado, pero si el arte ocurre, no todo puede ser predeterminado. De hecho nada debe serlo.

Llegados a este punto podemos pensar en Goya pintando en la Quinta del Sordo un mundo negro como reacción a un mundo falsamente colorido, pero no es así. La ironía es la forma de disfrutar de la paradoja, de no ser víctimas de ella y el trabajo de Víctor es limpio y claro, porque su ironía no tiene las connotaciones oscuras del rencor ni la venganza, es sana, lúdica, luminosa como luminosa es la franqueza. Ese humor le permite asestar otra puñalada a la solemnidad del arte y divertirse haciéndolo mientras la solemnidad sangra hasta morir.

No la echaré de menos ni iré a su funeral.

BETWEEN THE SHOULDER BLADES –  Nacho Ruiz

I almost never like critiques of art. Most are a description of something which is barely describable, not criticism. In fact, I don’t even know what art is.

Art is not produced all the time. Art criticism has somehow corrupted the meaning of a word, a meaning which might not have existed in the first place, and as art historians we have erected an architecture of the impossible upon a foundation whose only use is as a system of classification and description. Formalism is a notary attesting to the fact that what it sees exists, without understanding what it is it sees. It’s a creative notary who writes in baroque rubric and and whose very signature is a verdict.

Lately, everything has been leading me to Isidoro Valcárcel Medina, who is especially relevant along these lines. Isidoro wrote a “law of art” which although many readers might take seriously, is really no more than a demonstration of something that cannot be legislated, nor defined even.

But we think we know what art is. At least it seems that way to all of us. The romantic complexes we have inherited from a concept in which Hugo Von Hofmannsthal’s emotions act as a mortgage that accompanies us for as long as we live and as a legacy which we will pass on to our children if we are not careful.

We might not know what art is, but Victor has taught me something: we do know when it happens. It can be conceived of as a new Romantic legacy, as the succession of bouts of Stendhal Syndrome which may be of low intensity but can sometimes knock us out. Art happens. But it doesn’t always happen. What does always happen is artifice. Formal conventions generate things that always deserve our approval. Art is no longer sanctioned by a notary: it is the notary. It vouches for its own correctness, it bends itself to aesthetic conventions, to legibility, to the strictures of definitive thought. Victor’s work escapes this, if it didn’t it wouldn’t be his, it would be art dictated by the times, art dressed up as a notary and labeled as such by another notary: that is criticism.

I like skepticism. I like when things are questioned without the benefit of someone else’s prewritten script, I like when art happens outside the territory it’s supposed to. And for this reason, I like Victor. That’s probably because he has the gaze of a contract killer and acts accordingly in his work, whether speaking of love or politics, everything is taken to the extreme. A contract killer is not a surgeon. He doesn’t make methodical incisions, he sticks a knife into his victim’s weak spot, he finds the gap between the shoulder blades so that the blow is fatal. The professionalism (a positive concept) of a contract killer (a negative concept) is a paradox, and he deals in paradoxes. He looks for these holes in reality and drills into them to deliver a brutal blow based on paradoxes. Reality offers him an infinite field of work thanks to the inconsistencies and conventionalisms of those who construct it and he sinks his knife into it without pity. But he doesn’t do it motivated by a criminal nor negative sentiment: reality was asking for it because it´s absurd. He destroys it with tenderness.

The expression“doart” is a favorite of his. It defines him perfectly. In order to understand it, one must first have let go of many things and have sacrificed part of what one has learned without forgetting it. It’s necessary to be aware that one is working both for and against something. To eliminate the filters which condition perception and attitude. Between “doing art” and “making art” there is a whole semantic universe which is not just about form, in fact, it incorporates art into life in a natural way. Contemporary critics might lump him in with Beuys and his many heirs, but he doesn’t need to quote from anybody to build up his work because it’s based on this extreme logic of a contract killer: if what I want to do is meditated through aesthetic convention then it won’t be my art, it would someone else’s. Aesthetic convention is the greatest enemy of “art=life”, but we so often forget this fact and if we manage to remember it the art market urges us to forget once again. Aesthetic convention puts an end to the possibility of unexpected art happening, but if it does happen, not everything can be predetermined. In fact, nothing should be.

Having arrived at this point, we might think of Goya in the Quinta del Sordo painting a black world in reaction to a falsely colourful one, but we would be wrong. Irony is the way of enjoying the paradox, of not falling victim to it, Victor’s work is clean and clear, because his irony doesn’t have the dark connotations of resentment nor revenge; it’s healthy, playful, luminous since frankness is illuminating. Irony lets him deliver another blow to the solemnity of art and have fun doing it while solemnity bleeds to death.

I won’t miss it and I won’t mourn it.

Romanticismo-Punk

del 12/03/15 al 27/06/15 en Galería Balaguer Barcelona

Punk-Romanticism

from 03/12/15 to 06/27/15 at Balaguer Gallery Barcelona

Techo de la sala grande de la galería en penumbra y hecha con un mechero

Ceiling of the gallery in the large room, dim light and made with a lighter

Video de la exposición | Exhibition video

Catálogo de la exposición PDF | Exhibition catalogue PDF

Imágenes de la exposición | Exhibition images (by Andreja Veluscek)

Documentación | Documentation

Lección #1

del 29/11/12 al 02/02/13 en Galería Balaguer Barcelona

Lesson #1

from 11/29/12 to 02/02/13 at Balaguer Gallery Barcelona

Vídeo de la exposición | Exhibition Video

Catálogo de la exposición PDF | Exhibition catalogue PDF

Imágenes de la exposición | Exhibition images

Textos de la exposición | Exhibition texts

MEJOR QUE NADIE SE FIJE EN TI – Eduardo Hurtado

La primera vez que vi el trabajo del Victor fue en su web. Lo cierto es que no sé cual fue el camino que me llevó hasta ella. La recorrí entera, de arriba abajo. Hice una lectura bastante ágil de todo, por encima. Me detuve en algunas partes, sobretodo en los videos. No entendí nada. Ni el airecito html chungo que tenía, ni los plátanos caídos por el suelo. Nada de nada.

La primera vez que quedé con el Victor fue en Barcelona. Nos habíamos intercambiado algunos mensajes, pero no nos conocíamos en persona. Hasta entonces nuestra relación había pasado por varios mensajitos de Facebook. Quedamos en un bar, cerca del Paralelo, donde ponían las “sanmis” a 1 euro y tapas de panceta ibérica. No hablamos prácticamente de su trabajo, nuestra conversación se fue por otros derroteros (entre otros, la escasa permeabilidad del contexto catalán al mestizaje). Al final de la cita, no conseguía encontrar la relación entre el Victor y todas esas imágenes que recordaba como parte de su curro. Seguía sin entender nada, aunque aquel encuentro me hizo pensar mucho en el aspecto salvaje que guarda trabajar con cosas de arte.

La primera vez que defendí al Victor en público fue en un jurado. Ante el desafío de la convocatoria, se tomó la libertad de enviar una reinterpretación de las bases de la misma, junto a un video en el que su perro (Paco) determinaba -si se sentaba a sus órdenes- si le iban a dar el premio o no. Y como nadie entendía nada, más allá del chiste y la moza, empecé a entender que algo de mala hostia había en todo aquello, y que de un modo u otro, servía para algo. Empecé a comprender lo que era Victor en relación a su trabajo y lo profundamente convencido que estaba de lo que hacía, lo cual, es mucho decir de un curro.

Una de las primeras impresiones que tuve cuando leí el trabajo del Victor, es que podía tratarse del “típico” curro pretencioso que trata de ser raro porque sí, y que podía caer en la caricatura del artista torturado que se sabe torturado y lo vende empaquetado para que todos nos lo comamos con patatas. Pero no, nada más lejos de mis impresiones. El curro del Victor no tiene nada que ver con eso, porque el Victor no es el típico artista torturado. A mi el Victor me parece un tipo bastante normal, bastante equilibrado y bastante razonable, que, simplemente, está hasta las pelotas -punto que tenemos en común- de tener que negociar con ciertas formas de hacer, de maniobrar, de persuadir, para que su trabajo sea nombrado como “obra de arte”. Creo que el Victor no es que vaya de outsider, es que, simplemente no tiene que ir de nada, porque se la trae al pairo cualquier cosa que piensen los demás. Seguramente al principio no, claro. Los principios son duros. Uno quiere agradar, que le entiendan, estar y que lo extienda. Verse y que lo vean. Pero al cabo de un tiempo, cuando nadie se gira para verte, y lo que haces no encaja -porque no encaja- con los discursitos antiformalistas, anticonceptualistas y antimetodístas de la genealogía a la que te ha tocado pertenecer por contexto, entiendo que empieza a sudartelo todo bastante. Supongo. Menos mal.

Lo que pasa es que el concepto de outsider está muy mal gestionado. A menudo se dice que tal o cual artista es un “fuera de”, con la intención exactamente contraria, para convertirlo en “dentro de” sólo con sugerir que se le puede poner el focazo encima para que brille por encima de las estrellas. Domesticar al potro para que nos baile unas sardanas encima de una peana. Pero eso no es ser un “outsider”, eso es ser imbécil y dejarse convencer por la manada de lobos que espera, a las puertas del dossier bien hecho para colocar el San Benito, y convertir, lo que estaba lejos lejos lejos… en la última joya de la corona, de toque rápido y fácil asimilación.

Pues no, no. Creo que el Victor no es eso. El Victor es un superviviente que, habiendo querido estar, no está, y ya se ha dado cuenta de que basta, simplemente, con ponerse cachondo con Camarón, viendo correr por la banda a Sergio Ramos, con el disco original de Thriller en cassette o con los pósters de Cobain que nunca tuvo… con hacer desde ahí. De ese “darse cuenta”, surge la unión lasciva y formalmente incorrecta con que opera, y mediante la cual nos sentimos interrogados por todas esas referencias, colocadas sobre el aceite requemado de aquel bar del Paralelo donde ponen panceta ibérica. Videos latinos pixelados en Youtube que se mezclan con el desapego al territorio, la iconografía mediática -vamos a dejarlo en tensión sociopolítica- y el instinto como arma definitiva contra la desafección. Algo de eso es lo que surge de los muros del taller como espacio vital, como búnker insondable.

El Victor, ni tiene presencia ni la espera. Y si la consigue, que sería algo bueno para todos, espera conseguirla en una dosis tan alta y tan eficaz que le permita hacerse profundamente millonario. Lo cual, tiene toda la lógica del mundo y le convierte, de una manera absolutamente sincera, en un héroe de la no-escena. El auténtico héroe.

Para que nos vamos a engañar, el Victor tiene un curro cojunudo, super bien armado y muy cerca de todo eso que algunos llaman “pulsión”. Porque funciona por si solo, porque esa idea de tirarse piedras sobre su propio tejado, porque el fallo es estrategia. Lo que pasa es que no hace falta que yo me marque ningún tipo de discurso eficaz, bien diseñado, perfectamente argumentado y vacío -como la mayoría de los textos que solemos escribir o nos escriben- para acabar diciendo que sí, que me mola, que me mola todo. Que me pone. Que me pone mucho. Que no sé porqué me pone. Que no entiendo nada, pero que me pone todo. Coléricamente me pone. Y que no hay que explicar nada, que ahí está. Punto.

El curro del Victor me enciende, me dispara ciertas señales que no se me disparan muy frecuentemente, aún cuando está en las antípodas de lo que se supone es la in/corrección formal en la que he sido formado y sobre la que sostiene todo ese peso bien armado y estructurado de mí genealogía artístico-parental. A lo mejor es precisamente por eso, que a mí un día me dijeron que no podía poner uñas, pelos, mierda, vómitos, fotos de mis padres, fotos de Britney, ni que nada que fuese profundamente corporal y literal en mi curro, y ahí va, el Victor, con dos cojones, y lo pone. Y eso a mi me causa un malestar, una interrogación, un extrañamiento, una incomodidad tan grande que, cuando veo que proviene de un ejercicio tan contundente de deseo, no puede más que convocarme a sentirme erizado. Vamos, que activa cierto punto estético-masoquista en mí, que agradezco profundamente.

Me gusta el curro del Victor, pero sobretodo me gusta el Victor, por toda la mala hostia con que hace las cosas y todo lo que le sirve para, cuando cierra la puerta de su taller, ser un tipo apaciguado y majetón. Pienso en lo contrario, en todas esas gentes de bien, de buen hacer y saber estar del arte que están tan arrinconados en sus doseles formales, en ese protocolo de lo que toca, en ese deslumbramiento fugaz del ultrafaro de la escena, que cuando cierran la puerta de su taller (si es que lo tienen), son las personas más asquerosas, más malas y más despiadadas del mundo.

Me mola el curro del Victor, porque el Victor es mi colega. Porque no puede ser de otro modo. Porque puede pillar a Lacan y soltarlo por su casa para que corra, y luego irse a ver un partido del Betis, sin sufrir ningún tipo de descalabro emocional en medio, porque en realidad, es todo lo mismo. Lacan y la afición del Betis, Camarón y la pulsión de muerte, la escultura megalítica y los videos con su Golden Retriever, la desasosegante falta de dispositivo y la rumba de los Chichos.

Me alegro de que vaya a hacer una expo como dios manda, donde pueda poner todas esas cosas hechas con tan mala hostia para que todo el mundo las vea. Y me alegro de que la llame “Lección #1” y se marque ese momento de mentor, al tiempo que -como el mismo dice- se reafirma en su postura. Me alegro porque hay mucha peña que tiene mucho que aprender de esta expo, de esta inexistencia, de la interrupción de las narrativas de la corrección, de la protección de la escena como trinchera y jaula. Me alegro porque por fin lo subestimable se torna estrategia y el autoboikot se mete dentro de una galería para ver si abre una brecha, tira una piedra y quema algo gordo.

La primera vez que el Victor me pidió un texto -esta vezsentí que no tenía que escribir más que un alegato a favor suyo y en contra de todas esas gilipolleces que tenemos que seguir viendo por ahí, simplemente, porque están bajo el amparo de lo establecido como correcto. A ver si la gente que pasa por la expo del Victor aprende algo y se da cuenta de que lo importante de nuestro oficio no es agradar al personal, es hacer lo que sea, como sea, para resolverse uno mismo en el mundo, y que lo demás, toda esa parafernalia infernal de listas, nombres, nombramientos, precios, premios y tonterías de puertas para afuera, importan para el arte exactamente una mierda. Y por eso, también, hay que ir más veces a bailar reggeton con algún apunte de Rancière.

Asi que, creo, que lo que tiene que hacer el Victor es seguir haciendo lo que hace, que es simplemente eso, hacer. Hacer un curro innombrable, sin amo, sin luz fugaz ni protecciones intercambiables, sin parapetos de ningún tipo, sin manos detrás que lo arropen, ni lo acunen, hecho en el caldo de la mala baba, a fuego lento en el taller de las sombras, en el Mordor de los Jaenada. Y lo que espero es que el Victor, desde todo eso, no me falle y cuando le toquen a la puerta -que le tocarán- no se sienta angustiado, no sucumba, no se pliegue, no se deje seducir y mantenga la incorrección como formato, la mala hostia como norma y la desafección como artefacto. Que el focazo no le deslumbre. Eso, y ya está, punto, que no se convierta en lo que debemos negar con todas nuestras fuerzas, uno de esos -uno más- que llega a Madrid como Farruquito, demasiado rápido, por la M-40.

BETTER NOT TO BE NOTICIED – Eduardo Hurtado
 The first time I saw Victor’s work was on his website. The truth is I don’t know what led me there. But I ended up going through it all from top to bottom. I skimmed everything and lingered at certain parts, at the videos in particular. I didn’t understand anything. Not the ominous html air, or the fallen bananas strewn over the floor. Not a thing.
 
The first time I met Victor was in Barcelona. We had exchanged some correspondences, but had never met in person. Up until this moment, our relationship had consisted of Facebook messages. We met a bar near Paralelo, where they served one euro beers and bacon tapas. We hardly talked about his work, yet we touched on many subjects (among these, the limited permeability of the Catalan context to miscegenation). By the end of our meeting, I still couldn’t understand the correlation between Victor and all the images which reminded me of his work. I continued to understand nothing, to be baffled. However, this encounter did make me think a lot about the savage aspect of working with art.
 
The first time I defended Victor publically was before a panel of judges. In response to the challenge put forth by the competition, he took the liberty of drawing up his own interpretation of the contest rules and presented them along with a video of his dog, Paco, determining if he’d win or not based on whether or not he sat at Victor’s commands. Since nobody understood anything, apart from the joke and jest, I began to understand the aggressiveness of it all and how that was valuable somehow. I began to comprehend Victor and his relationship to his work and how profoundly convinced he was of what he was doing. And that’s saying something.
 
One of my first impressions of Victor came from reading his work. It’s work that, at first, could be mistaken for the typical pretentious material that tries to be bizarre for no reason at all. It’s work that could fall into becoming a caricature of the tortured artist who knows he is, and who wraps up his product, ties a bow on it and sells it for public consumption. However, my first impressions of him couldn’t have been further from the truth. Victor’s work has nothing to do with any of that because Victor is not the typical tortured artist. To me Victor seems like a normal guy, pretty well-balanced and quite reasonable, who is simply fed up (something we have in common) with having to negotiate, to act in a certain way, to maneuver and persuade in order to get his art considered a “work of art”. I don’t think Victors acts like an outsider. He doesn’t have to front like that because he doesn’t care what anyone else thinks, certainly not in principle. Principles are tough, though. One wants to please, to be understood, to exist and to prevail, to see oneself and to be seen. Yet, after a while, when the work one creates doesn’t fit within the context in which one finds oneself , that of the inherited anti-formalist, anti-conceptual, anti-methodological discourse, it’s understandable that one stops giving a shit. I suppose. Fortunately. And it’s just as well.
 
What happens is that the concept of outsider is poorly administered. More often than not, some or another artist is branded as “outside” with the ulterior motive of bringing them “inside”, of shining a spot light on them and elevating them above the stars. Tame the wild animal and make it do tricks for us. However, that’s not being an outsider. That’s being an idiot. That’s letting a pack of hungry wolves make a scapegoat of us and turn us into something so far removed, into a trinket on the royal crown, into something fleeting and easily assimilated.
 
No. I don’t think Victor’s like that. Victor is a survivor who, having wanted to be in and is not, has already realized that it is enough to, simply, enjoy listening to Camarón, to watch Sergio Ramos run down the field, to own an original cassette of Thriller or the Nirvana posters he’s never had… to work from there. And it’s out of this realization that his lewd and formally incorrect mode of operation emerges and it makes us feel interrogated, over the greasy bar of the joint on Paralelo with the bacon tapas. Pixelated Latino You Tube videos mixing with territorial detachment, the iconography of the media, – let’s leave it at sociopolitical tensionand instinct as the definitive weapon against indifference. Something like this emerges from the walls of his studio, like a vital space, like an impenetrable bunker.
 
Victor doesn’t have a public presence and he doesn’t expect to have one. And if he ever does, something which would benefit everyone, he hopes to do it so efficiently and to arrive so high, that he becomes a millionaire. Which has all the logic of the world, and which makes him, in an absolutely and sincerely way, the non-scenster hero. The authentic hero.
 
Why fool ourselves? Victor’s work is awesome. It’s fully armed and has what some call “drive”. It can stand for itself and spits in the wind. Finding fault is his strategy. The thing is that I don’t need to fabricate some convoluted argument to defend his work, like most of the texts we write or that are written about us, in order to say that I like his work, I like everything. It excites me, a lot. I don’t understand anything, yet it turns me on. It riles me up. And nothing needs explaining, it’s all there. Period.
 
Victor’s work gets me going, it triggers something inside me which is not often roused, even when it is the antithesis of what is supposed to be formally correct or not, the antithesis of my education, the base which supports the well-founded weight of my artistic/parental genealogy. And maybe that’s what gets me; that I’ve been told not to use nails, or hair, or shit or vomit, or photos of my parents or of Britney, nor to be too corporal or too literal in my work and then here comes Victors with a big pair of balls, and does just that. And this makes me feel sick, like I’m being interrogated, estranged, so disagreeable that, when I notice this discomfort comes out of an undeniable desire, I can do nothing else but be in awe. It stimulates an aesthetic -masochistic point in me, which I deeply appreciate.
 
I like Victor’s work, but above all, I like Victor because of his bad-ass modus operandi and because of the things he does that, when he closes the door of his studio, make him the really peaceful and warmhearted guy he is. And I think about the others, the well-off, goody two shoes, the art-knowing people who are cornered by their own formal conventionalisms, by the protocol, by the fleeting limelight, people who at the end of the day, when they close the doors of their studios (that is if they even have them) are the worst, most disgusting and most ruthless people in the world.
 
I think what Victor does is cool because he’s my friend. It can be no other way. Because he gets Lacan and can bounce it off the walls of his house and then go see a Betis match without going through some emotional turmoil, because, in the end, it’s really all the same thing. Lacan and being a Betis fan, Camarón, a drive towards death, megalithic sculpture, videos with his Golden Retriever, the unsettling lack of device, the Rumba of Los Chicos.
 
I’m glad that he’s going to do show as it should be done, so that he can exhibit all the things he makes from his gut, without throwing any punches. And I’m glad he’s calling the show “Lesson 1” marking him as a mentor and reaffirming his position. And I’m happy because there are a lot who have much to learn from this exhibition, from this nonexistence, from the interruption of the narrative of correctness, from the protection of the scene like in trench or a jail. I’m glad because, at last, being the underdog is the strategy again and self-boycotting makes its way into the gallery to see if it can breach, throw a stone at or burn something big.
 
The first time Victor asked me to write about him – this timeI felt that I didn’t have to write anything more than a plea in his favor and against the stupidities that we have to adhere to simply because they’re considered correct. We’ll see if the people who pass through his exhibition learn something and if they realize that the important thing about our profession is not pleasing people, it’s doing whatever it takes, by any means, to resolve our own existence and that everything else, all the diabolical paraphernalia, the lists, the names, the awards, the price tags, the bullshit of trying to get a foot in the door mean nothing. And for this reason, I’ll go dance Reggaetón with Rancière notes any day.
 
Therefore, in my opinion, what Victor needs to do is to simply continue doing what he’s always done. To do an unmentionable job, without an owner, without his 15 minutes and owing favors, without a parapet, without protective hands cradling him from behind, in the midst of a stew of envy and ill will, at the bonfire of his workshop, in the Mordor of the Jaenada. And I hope that Victor, from all of this, doesn’t let me down, that he will keep his calm when they come knocking at his door, which they will, and that he doesn’t succumb, that he doesn’t give in, that he doesn’t let himself get seduced and that he maintains taboo as his format, renegade as a norm, and indifference as artefact. That he’s not blinded by the spotlight. That is, and this is it, that he never turns into someone we’ll have to turn our backs on someday, into one of those guy who made to it to Madrid like Farruquito, too fast, on the M-40.

ESE PINTOR-OBAMA – Efrén Álvarez
Victor Jaenada es un artista silvestre lleno de convicción mágica, como el chamán en las tribus Guineanas, o como un Sileno viejete de los bares de la periferia que regala el vocabulario a las generaciones venideras. Récord histórico en voto latino, apostado con el pueblo llano pero querido por las élites más exuberantes, este Pintor-Obama ganará sin remedio las elecciones de vuestro corazón.
THE PAINTER-OBAMAEfrén Álvarez
 Victor Jaenada is a wildlife artist full of magical conviction, as the shaman in Guinean tribe, or as an old Silenus of the suburb`s Pubs that gives away the vocabulary for generations to come. With an historical record in Latino vote, he is invested with the common people but loved by the most exuberant elites. When the time comes, I have no doubt This Painter-Obama will incontestably win the elections of your heart.

EL ARTE ES COMO EL BUEN ACEITE DE OLIVA VIRGEN – Pedro Paricio
 La palabra artista ha terminado perdiendo peso debido al uso indebido del término, pero es la única que en su concepción tradicional y romántica puede definir completamente a Víctor Jaenada. Pinta pero no es pintor, realiza video pero no es videoartista, construye esculturas pero no es escultor y vive pero no es un vividor. O al menos no es cada una de estas cosas de manera individual. Entonces, para no caer en un sistema filosófico negativo y decir lo que Víctor es mediante lo que no es, definiremos positivamente lo que Jaenada si es: un creador de mundos. Su obra es su vida y su vida es su obra, ambos configuran una realidad simultánea en la que lo aparente y cotidiano recorren las sombras del ser. Jaenada pertenece a la categoría de artista biográfico explicito cuyo trabajo queda determinado por una visión única de la realidad, la del loco que para sobrevivir a la sociedad elige ser un genio. Víctor Jaenada quiere gritar, contar lo que ve, lo que le gusta y lo que le disgusta, llorar sus penas y cantar por alegrías, pero ante la incapacidad que siente para expresarse mediante las herramientas convencionales que la sociedad pone a su disposición, elabora un lenguaje propio y así cada vez un mundo. Un universo anclado en la actualidad pero suspendido conceptualmente en el tiempo. Un lugar al que te invita sin antes avisar que es un sitio peligroso, al que quizás no quieres ir porque hay caminos sin retorno.
ART LIKE GOOD VIRGEN OLIVE OIL – Pedro Paricio
The word “artist” has lost significance, yet it is the only term whose romantic and traditional concept fully defines Victor Jaenada. He paints but is not a painter. He makes videos, but it not a video artist. He lives but is not an opportunist, hedonist. Or at least, he is not exclusively just one of these things. Then, to avoid falling in to the philosophical conundrum of defining him by what he is not, we will define him affirmatively by what he is, as a creator of worlds. His work is his life and his life is his work, both form part of a simultaneous reality in which the apparent and the habitual traverse the shadows of being. Jaenada belongs to a category of explicitly biographical artists whose work is determined by a unique vision of reality, the vision of a madman who decides to be a genius in order to survive society. Victor Jaenada wants to scream, to tell what he sees, what he likes and what he doesn’t, to cry for his sorrows and to sing his joys, but before the incapacity he feels to express himself with society’s conventional tools he elaborates his own language and thus a world. It’s a world anchored in the present yet suspended in time. It’s a place which invites you in without warning you of its dangers; it’s a place you might not want to visit for within it lie paths of no return.

REVOLUCIÓN – Gery Van Tendeloo
 A lo largo de mi carrera como curator y coach artístico, en mi labor de ofrecer a buenos artistas un foro en el que exponer, rara vez he conocido a un artista tan excepcional como Víctor. He de confesar que hasta la fecha no he podido traer sus instalaciones a Kortrijk o Berlín, pero no desistiré por los motivos que expondré. Víctor Jaenada es muy radical en su arte y en el mensaje que transmiten sus imágenes, lo cual asusta a los organizadores de exposiciones que quieren agradar al espectador, una postura totalmente errónea y, no obstante, muy habitual en estos tiempos de crisis e incertidumbre. Y es que este es el auténtico significado de su obra: con medios modestos crea un universo radicalmente opuesto a las ideas comunes en este mundo capitalista. Emplea “Das Bild” y su poética para detener en seco al público y atraer su atención. Los problemas sociales que quiere poner de relieve son poderosos y no admiten concesiones. Es uno de los artistas que tenemos que hacer visibles ahora, en el marco de la crisis económica, por su compromiso, su valentía y su audacia. El público internacional se halla ante una imagen distorsionada, con revistas como Vogue, Elle y muchas otras que lo sumergen en un estado de “ilusión” como hizo Walt Disney años atrás, y Víctor Jaenada trata de ponernos los pies en la tierra y mantenernos en la realidad. Nos muestra la realidad con un enfoque francamente radical, que es a su vez su manera de vivir la vida, basándose en la pura autenticidad. Víctor nos lo muestra con imágenes e instalaciones reales, no abstracciones, sino con la realidad misma, con elementos extraídos de la vida cotidiana. Hacer un arte así, de acuerdo con los principios personales, requiere grandes dosis de valentía y sacrificio, testimonio de su propia actitud, de su propio deseo de desmarcarse de este mundo y de la sociedad actual. Víctor, un artista valiente, audaz y auténtico, dista mucho de la escena artística puramente burguesa y comercial. ¡Sin duda sus imágenes prevalecerán!
REVOLUTIONGery Van Tendeloo
In my career as a curator and artistic coach, working to give good artists a forum in which to exhibit, I have seldom met an artist as exceptional as Victor. I have to admit that I have, as of yet, been unable to bring his installation art to either Kortrijk or Berlin, but I won’t give up for the following reasons. Victor Jaenada is very radical in his art and in the message his images transmit, which frighten those who organize exhibits and aim to please visitors, a totally misguided statement that is, nevertheless, very real in this time of uncertainty and crisis. But this is the true meaning of his art: with humble means he creates a world that is radically opposed to the ideas common in this capitalistic world. He uses “Das Bild” and its poetry to stop people in their tracks and hold their attention with the image of what he is trying to express. The social issues he wants to make visual are strong and make no concessions. He is one of the artists that we need to show now, since the financial crisis, because of their commitment to the community, their bravery and their boldness. The global community is misled by magazines like Vogue, Elle and many others, which lull us into a state of “illusion” as Walt Disney did so many years ago, and Victor Jaenada tries to bring our feet firmly back to earth, rooting us in reality as communities have always functioned. He shows us the reality of living in this world, and his approach is honestly radical, which is also the way he lives his life, based on pure authenticity. Is it a disgrace for humankind, yes it is, and Victor shows us this with real images and installations, not abstractions but reality itself, elements out of everybody’s daily life. It requires a lot of courage and sacrifice to make such art according to one’s principles, and is a testimony to his own attitude, his own desire to stand apart in this world and in today’s society. Brave, bold and authentic, Victor is far from the clean commercial bourgeois art scene. I also want to thank the institution that allows him to show what he has to say and show, his penetrating work. His images will prevail!

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